Buenos propósitos de año nuevo

Este año lo cumplo ¿lo cumplo? ¡lo cumplo!

Seguro que tú también te has hecho una lista de buenos propósitos para este 2015… Pero ¿vas a cumplirlos? Algunos estudios aseguran que durante las primeras semanas de enero el 20% de esos propósitos ya se han incumplido, mientras que gran parte del resto se convierte en “abandonos” durante el resto del año.

¿Somos unos idealistas o es que nos planteamos mal el tema de los buenos propósitos? La verdad es que los temas en esta lista de buenas intenciones se repiten constantemente:

  • Hacer ejercicio
  • Dejar de fumar
  • Perder peso
  • Aprender un idioma

Y de ellos, la gran mayoría terminan por quedarse en eso… buenas intenciones que no llegan a ningún sitio, según nos cuentan en la revista Forbes.

En realidad, el problema es que no enfocamos bien este tema de las buenas intenciones. Pero si realizas algunos cambios en tu forma de ver las cosas, podrás tener mucho más éxito.

O todo o nada

Los extremos casi nunca son buenos. Tendemos a pensar en éxitos o fracasos y esto nos lleva a pensar, ante cualquier obstáculo, que hemos fracasado. ¡Incluso llegamos a ponernos dramáticos y nos hundimos sintiendo que nuestro propósito ha sido un “fracaso total”. Aquí, el enfoque del vaso medio lleno o medio vacío ayuda. Por ejemplo, si hablamos del propósito “Voy a ir al gimnasio todos los días” es muy probable que terminemos por no cumplirlo, ya que la exigencia que nos hemos planteado es demasiado difícil de cumplir. Nunca lograrás ir tooodos tooodos los días al gimnasio, te surgirán otros temas que te impidan acudir. Un planteamiento más estructurado sería mucho más asumible y realista. Ello no quiere decir que no te plantees hacer ejercicio todos los días, pero la meta del “gimnasio” probablemente se caerá por si sola.

Piensa de verdad en el objetivo que buscas

Si tu propósito inicial era “ir al gimnasio todos los días” en realidad lo que buscas es hacer ejercicio de forma habitual y constante. Quizás deberías reescribir tu propósito… será más fácil de alcanzar y te sentirás mucho más satisfecho logrando el objetivo real que buscas.

Súper negativismo 

Al “todo o nada” se suma el carácter negativo y es que nos cuesta ver la progresión, tener en cuenta y valorar nuestros progresos. Tendemos a estancarnos en los retrocesos y a venirnos abajo cuando se trata de cumplir un propósito. Siguiendo el ejemplo anterior, deberíamos valorar muy positivamente nuestra progresión física con la práctica de ejercicio y no si vamos a no vamos “todos los días al gimnasio”. No hace falta que vayas de lunes a domingo, puedes acudir 2 ó 3 tres veces por semana e ir apreciando como tu cuerpo lo agradece, cómo te sientes más descansado los días que entrenas, cómo ganas en flexibilidad y resistencia. Este enfoque positivo hacia los resultados que vas logrando te motivará para que sigas mejorando y quieras aumentar la frecuencia de tus vistas al club de fitness.

No tener plan

Fundamental también cuando hablamos de la motivación para lograr un propósito es tener un buen plan diseñado. Pocos son los que cuando se plantean un propósito piensan también en un buen plan para lograrlo. Siempre es más fácil lograr pequeñas metas que tratar de alcanzar nuestro “fin último” así, de sopetón. Además, cuando nos fijamos pequeñas metas que nos guíen en el camino para lograr un buen propósito, y las vemos cumplidas, incrementa nuestra motivación para seguir luchando por ese objetivo final.

Si lo que te has propuesto es ir al gimnasio todos los días, plantéate escalonar la frecuencia y la intensidad del ejercicio a lo largo de la semana. Por ejemplo, puedes introducir una serie de hábitos en tu rutina diaria que añadan actividad física a tu día a día, como subir siempre por las escaleras, hacer descansos durante la jornada laboral y aprovecharlos para moverte un poco, etc. A estos hábitos añade una visita al gimnasio dos veces por semana. Incrementa el reto con paseos en bicicleta los domingos en lugar de tanta televisión… Al final, verás cómo tu cuerpo siente que estás cumpliendo con tu propósito y te ayudará a conseguirlo. Cuando entras en una rutina de ejercicio físico, el día que no te mueves, el cuerpo te lo pide, casi hasta te lo reclama. Con tiempo y constancia, verás cómo se cumple tu “gran” propósito.

Poca constancia

No pretendas lograrlo todo en un día o dos. Cuando te fijas una meta, lleva tiempo alcanzarla. Hay que ser constante y no pretender hacerlo todo perfecto los primeros días para luego abandonar. Por ello también las pequeñas metas suelen funcionar mejor. Vale más eso de “sin prisa, pero sin pausa”.

Cualquier momento es bueno para empezar, no esperes a que llegue el día ideal… es sólo una forma de retrasarlo. Planifícate y ponte manos a la obra. Prémiate en tus pasos hacia ese gran objetivo que buscas y encontrarás la motivación suficiente para que este año tus buenos propósitos se cumplan de verdad.

¿Nos quieres contar qué te has propuesto lograr este 2015? 
Imagen de Maitena

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